UN FESTÍN VISUAL CON "LA ÚLTIMA CENA"



Con la intención de resucitar una cultura visual perdida, el cineasta británico Peter Greenaway lleva 3 años exponiendo su instalación-conferencia sobre la famosa pintura de Leonardo Da Vinci, con éxito de público y no pocos académicos irritados.


INNOVADOR. El cineasta Peter Greenaway quiso comprobar qué podía hacer la tecnología por una obra maestra como "La última cena".

POR RANDY KENNEDY - The New York Times

A los que visitan un lugar de Nueva York cerca de Park Avenue y la Calle 66 puede resultarles difícil pensar que no están en el interior del monasterio Santa Maria delle Grazie de Milán observando algo que todos conocen y pocos han visto: una pintura magistral de trece hombres sentados de forma extraña a un solo lado de una larga mesa.
No son muchos los especialistas que podrían distinguir el mural que tienen ante sí del real, "La última cena", de Leonardo. Sin embargo, un breve examen de esta pintura revelaría algunos anacronismos.
Por ejemplo, en la parte posterior la pintura está agrietada: se colocó yeso de aspecto antiguo sobre Alucore, el tipo de revestimiento de aluminio que se usa para los pisos de los aviones.
En realidad, el lugar es el Park Avenue Armory. El cineasta británico Peter Greenaway presenta ahí su instalación, conferencia, cine, pintura o lo que sea, que lleva 3 años exponiendo ante un nutrido público ­y no pocos académicos irritados­ en todo el mundo.
"La última cena de Leonardo: Una visión de Peter Greenaway" nació de su deseo de resucitar una cultura visual que considera que los ojos modernos han perdido en lo que respecta a la mirada a la pintura. Comprende luces, accesorios, modernos proyectores digitales, grandes pantallas, música grabada, voice-overs, una copia exacta de la pintura y prácticamente todo otro recurso teatral imaginable para lograr que una obra maestra del arte occidental cobre vida.
La primera de esas exposiciones de Greenaway fue en 2006, y el experimento comprendió proyecciones sobre la auténtica "Ronda nocturna", la obra maestra de Rembrandt que se encuentra en el Rijksmuseum de Amsterdam, donde vive Greenaway, que tiene 68 años y suficiente prestigio para que se lo haya autorizado a experimentar con ese tesoro nacional holandés. La idea se fue ampliando, y desde entonces ha comprendido el original de "La última cena", sobre el que Greenaway superpuso proyecciones una noche de 2008; una muestra con una réplica de "Las bodas de Caná", de Veronese, realizada el año pasado en Venecia; y dos presentaciones más de "La última cena", en Milán y Melbourne, utilizando la réplica de la pintura que hace poco se envió de España a Nueva York en seis paneles.
En el hall del Armory, trabajadores de Change Performing Arts, una compañía de producción teatral de Milán, construyeron una recreación de tamaño natural ­de proporciones exactas­ del atrio de Santa Maria delle Grazie, donde Leonardo completó "La última cena" en 1498 luego de varios años de trabajo.
La copia de la pintura se hizo 510 años después y en mucho menos tiempo, unas cinco semanas.
Estuvo a cargo de una compañía llamada Factum Arte, que tiene sedes en Madrid y Londres y es una pionera en el uso de fotografía de alta resolución y escaneo tridimensional para recrear pinturas y esculturas con precisión. La réplica de "La última cena" se "pintó" por medio de una impresora a tinta que cubrió lentamente paneles de yeso ­muy parecido al tipo sobre el que trabajó Leonardo­ con pintura que imita la original pero dura mucho más. (Leonardo usó una mezcla experimental de témpera sobre yeso seco que resultó ser en extremo frágil.) Greenaway señaló que su interés por montar esas exposiciones derivaba no sólo de su temprana formación plástica, sino también de su deseo de usar el cine con fines pictóricos. La motivación se hizo más fuerte con la declinación de su interés por el cine, cuya muerte pronostica a toda voz desde hace más de diez años por más que siguió haciendo películas. En su opinión, el cine, que existe desde hace algo más de un siglo, ha agotado sus posibilidades como forma artística. Lo que empezó a obsesionarlo fue la idea de ver qué podía hacer la tecnología cinematográfica del siglo XXI ("Las herramientas del cine se desperdician en el cine", dijo) si se la ponía en relación con algunos miles de años de su antepasada bidimensional, la pintura occidental.
"Algo básico es que si hay comezón, hay que rascarse", dijo. "Es por eso que, si digo que el cine es malo, tengo que tratar de revertir cosas", agregó.
De las pinturas que presentó hasta ahora para esa misión, así como de aquellas a las que aspira ­entre ellas, "Guernica", de Picasso, una gran pintura de Jackson Pollock con técnica de goteo que se encuentra en el Museum of Modern Art, y tal vez la Capilla Sixtina como último acto monumental­, dijo: "No las convertimos en películas. No son obras de arte animadas. No son caricaturas.
Pero podemos cambiar el color, el contraste y el claroscuro, con lo que podemos darles un curioso carácter cinematográfico." Unos días después, mientras una mesa que evocaba "La última cena" pasaba de un rojo amenazador a un blanco enceguecedor, y proyecciones de detalles de la pintura giraban de forma vertiginosa alrededor de los espectadores, Greenaway señaló que estaba un poco preocupado. "También soy responsable de introducir nociones de lo que es un entretenimiento legítimo", declaró.
Pero Adam Lowe, fundador de Factum Arte y creador de la réplica de la "La última cena", sonrió. "Si hoy estuviera aquí", dijo, "creo que Leonardo sería el hombre más feliz del mundo".

Fuente: Revista Ñ, Clarín

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